Valentina 0.2



[...] Estuvo lloviendo durante más de cuarenta minutos, al rededor de casi una hora. El sacó su ordenador y se puso a trabajar desde allí. A ratos podía darme cuenta de como me miraba, pero me hacia la despistada atendiendo a otros clientes; le llegué a preguntar incluso si quería un paraguas para llegar a su reunión, pero me dijo que prefería esperar a que parase de llover y tomarse ese té caliente con un par de galletas que había en el mostrador, las galletas nuevas de mamá... -¡Genial! serás pues, uno de los conejillos de Indias de mamá: acaba de hacerlas y son nuevas. Antes de marcharse nos agradeció la amabilidad y hospitalidad, fue a pagar pero conozco a mamá y no le dejó hacerlo, así que prometió volver en otras ocasiones, y así fue; casi todas las tardes a la misma hora volvía y me pedía el mismo té i las mismas galletitas, poco a poco fuimos conociéndonos en la Tetería hasta que un día se armó de valor y me invitó a salir fuera de ella, no quería acceder, no es que no me pareciera guapo, ni me desagradaran sus formas y cuando sonreía si, me parecía bien bonito, pero lo cierto es que desde que había roto con Pierre, que lo mío no era estar con chicos, me pasaba las mañanas estudiando en la facultad de enfermería, algo que había aparcado al conocerle y las tardes en la Tetería algunos fines de semana salía a tomar alguna copa con algunas amigas pero no era de las que se quedaba hasta muy tarde y siempre que podía la ocasión me iba de excursiones con Tom, mi mejor amigo de la infancia, sin duda alguna el único hombre al que no temía.
Tom es fotógrafo, y se pasa el día viajando, de aquí para allí, nunca para quieto y le encanta, adora la naturaleza algo que siempre hemos compartido, así que cada vez que viene unos días de vuelta a España no dudamos en irnos hacer alguna excursión juntos y así evadirnos de la ciudad y del resto del mundo... el me cuenta todas sus experiencias de por aquí y de por allá y yo todas mis vivencias simplemente aquí y así el uno al otro nos hacemos soporte moral. Al final por petición de mamá y de Tom, acepté esa cita que marcó un antes y un después en el chico pasado por agua que había entrado en uno de los peores días en la Tetería de mi familia. Después de aquella cena a la luz de las velas y de un bonito paseo por la playa descalzos se declaró adicto a las galletitas de mi madre, y a mi. 

Y poco a poco fue ganándose un lugar en mi corazón y no solo en mi día a día con sus vistas diarias. La verdad es que Luís es bastante maravilloso, o al menos, por ahora no puedo quejarme. Pero si, ese maldito sueño. [...]


Lachicadelboligrafo

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