Valentina 0.1
Sonaba
la alarma del despertador cuando abría ya los ojos prácticamente
-
Puñetas así no hay quien duerma....
-Dices algo amor? -Como...? No,
no solo bostezaba.
-Buenos días cielo
-Buenos días,
Tres meses solo
tres meses y Luis parecía ya haberse instalado en casa, no me
disgustaba la idea pero tampoco me agradaba del todo, me había
acostumbrado a mi propia independencia desde que lo había dejado con
Pierre, un francés con encanto que devoraba los pasteles de la
abuela, como si no hubiera un mañana, quizás por eso se llevaban
tan bien. Ocho años de relación, una boda sin un 'si quiero' final
y un maldito olor..., su olor en toda la ropa, que era imposible de
quitar; y a la que ya casi había dado por perdida la batalla -con
los suavizantes de todos los supermercados, habidos y por haber-,
cuando entonces apareció Luís, un día cualquiera de esos que despiertas y
te dices a ti misma, porque no cae la peor tormenta del siglo y puedo
pasarme el día en la cama sin tener que moverme de aquí, uno de los
mejores lugares del mundo cuando ahí a fuera todo va de mal en peor.
Esa tarde, de golpe, efectivamente, se puso a llover; pero yo ya
andaba en la Tetería hacía ya horas sirviendo té caliente, y las
nuevas pastas que mamá había inventado para renovarnos. 'Renovar o
morir', dice siempre la abuela, y será gracias a eso que en
veinticinco años, la Tetería nunca ha dejado de funcionar.
Empezaba
a llover a mares cuando Luís entro a prisa y chorreando de arriba
abajo, escuché el tintineo de la puerta, miré y mi cara de asombro
le debió espantar de tal manera que se quedó inmóvil, en la
puerta, cándo entonces a su vez mamá alzó la voz -que raramente alza- y exclamó
-¡Oh Dios mío! ¡Estás empapado, no te muevas!.
Corrió hacia el
pobre chico, que yo no sé si chasqueaba los dientes de frío o de
temor por nuestras reacciones inevitables.
-Disculpe, es que me ha
pillado por sorpresa, me dirija a una reunión del trabajo y no me
ha quedado otra que meterme en el primer sitio cubierto que he
encontrado.
-Oh, no. No te disculpes, por favor! Espera ahí, te
traeré un par de toallas, podrás descalzarte y entraras en calor
rápidamente. Valentina, hija! Prepara un buen té caliente con menta
para este chico tan majo, no se fuera a resfriar.
Y si, así fué.
Mamá le llevo las toallas, le hizo descalzar y sentar a tomarse el
té que yo misma me vi en la obligación de servirle.
-Gracias
Valentina. Me sonrió y la verdad que en aquel instante me pareció
el chico más bonito de toda la Tetería. [...]
Lachicadelboligrafo.



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